martes, 30 de agosto de 2011

Aunque el uso del conocimiento con fines prácticos se remonta a hace más de 10.000 años, la “gestión del conocimiento” como teoría tiene un desarrollo muy reciente. ¿Por qué? Una de las hipótesis más usuales señala que ahora por primera vez la Humanidad dispone de una masa crítica de ciencias y técnicas que le permite modelar casi todos los aspectos del mundo.

Todos vivimos en ambientes artificialmente modificados por el avance de las ciencias y las tecnologías. La ciudad es un ejemplo patente. Pero aún las regiones más aisladas están sufriendo catástrofes resultantes del mal uso de nuestros recursos técnicos. La difusión de la informática tiende a reemplazar las funciones tradicionales de la memoria y del trabajo humano. Las producciones agropecuarias se basan en aplicaciones de la genética animal o vegetal. La medicina tiende a reemplazar órganos en lugar de repararlos de manera tradicional. Vivimos en un nuevo entorno que muchos denominan la “sociedad del conocimiento”.

Las grandes empresas comenzaron hace unos 20 años a desarrollar programas gerenciales que se proponían aprovechar intensivamente el capital intelectual de sus empleados. Así descubrieron que las organizaciones pueden ser concebidas como agentes de aprendizaje y de innovación, o sea, organizaciones inteligentes.
1 Curiosamente, las universidades y los centros educativos tardaron más tiempo en asumir esta nueva perspectiva a pesar de que en el mundo académico desde el siglo XVIII, a partir del filósofo Immanuel Kant, se vienen creando teorías para explicitar las leyes que rigen la producción y el alcance de los conocimientos. De ese proceso surgió la Epistemología moderna en sus diversas ramas.

Podemos interpretar estas tendencias en dos sentidos. Por un lado, es evidente que las sociedades humanas han evolucionado aprovechando con fines prácticos la invención de recursos técnicos. Hay una dimensión pragmática del conocimiento. Por otro lado, la Humanidad descubrió que detrás de las técnicas estaban las leyes de la realidad (surge así la ciencia) y que detrás de las ciencias estaban las reglas del conocimiento (surge así la epistemología).

La “gestión del conocimiento” en la cultura actual resulta de la convergencia de estos dos procesos. En principio se propuso brindar técnicas y enfoques para mejorar el rendimiento de las organizaciones con recursos inteligentes. Entre estas técnicas figura la explicitación de los saberes implícitos de los individuos y de la organización. Entre los recursos también se cuenta con la informatización de las funciones. En este terreno se ha comprobado que no basta con la computadora para simplificar los procedimientos si no existe una cultura de la información asumida por directivos y empleados. La capacitación de las personas constituye entonces un asunto primordial

Por otra parte, y esto resulta más crucial en las instituciones educativas como la universidad, la gestión del conocimiento se propone crear una cultura organizacional que permita a todos los actores asumir los alcances de las prácticas científicas, pedagógicas, gerenciales o técnicas de la organización. Muchas instituciones carecen de la capacidad de autoconocimiento y terminan siendo prisioneras de la inercia burocrática. Los programas de autoevaluación y evaluación externa vienen a suplir esta deficiencia. En algunas universidades y agencias de investigación se han creado observatorios para analizar las tendencias de las ciencias, las tecnologías y la sociedad a fin de establecer políticas de conocimiento adecuadas.

La idea de gerenciar el conocimiento parece relativamente simple. Sin embargo, en la práctica se trata de un enfoque de difícil implementación dada la complejidad de los saberes, de los actores y de los factores en juego. A nivel individual y colectivo existen fuertes resistencias al autoconocimiento. Hacer conciente lo que hacemos y lo que creamos con nuestra inteligencia parece todavía una ambición desmedida. La gestión del conocimiento es un nuevo intento por acercarnos a una sociedad más racional. ?

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